
Hoy mi esfuerzo tuvo una necesaria compensación. Llevar a mi madre a la realidad,- que fuese por unos segundos-, fue sin duda todo un éxito. Acompañaba un día fastuoso con un clima más que primaveral y calmo, y yo me la jugué osado. Porque mi madre no quiere ver a nadie, y si la obligo se pone todavía más violenta y senecta. Por eso decidí lo aparentemente inadecuado y la llevé con la silla de ruedas a visitar a la única amiga verdadera que le quedaba. Vive aquí cerquita. En la Plaza Rojas...