
Los demás. Existen los otros. Y la comunicación. Y entonces alguien alza su voz. Se muestra. Se vuelve pregonero, agarra un micrófono determinado, y hace su libertad y su acústica.
Y puede ser libre. Y gritar y soltar aquello que le parezca mejor y en muchas direcciones. Porque la magia de la radio y de las ondas, catapultan el deseo y la responsabilidad, y entonces pueden pasar mil cosas e interacciones.
Una voz en la ciudad, o en un pueblo, o en una red globalizada y sin apenas barreras...