
Por ordenador, y dentro de las paredes de mi casa en la que todo retumba como corresponde a un lugar añejo con los techos altos y sin apenas reformas modernizadoras.
Sí. Sucedió mientras hablaba con una mujer por el Skype. Me sucedió que se me iban los nervios y los pudores, y empezaba a importarme mi derredor mucho menos que antes.
Le veía lógica a mi todo, a mi estar, conocía mejor mi casa y a mí mismo, y sabía deslindar mucho mejor. Y mientras charlaba con ella y en mi mismo idioma vernáculo,...