
Desde cada línea y letra de un escrito, aparece una senda y aventura personal. Desde cada palabra, desde cada idea, se puede jugar a escribir con uno mismo y hacia el mundo.
Escribir, idear, soltar sentimientos propios, hacerse soldado o monje, camuflarse de piel diversa, ser yo, ser tú, ser vosotr@s, meterme en donde no me llaman, y hasta provocar una agradable sonrisa de sorpresa ante mi audacia de escribidor.
El desnudo de escribir, el megáfono de unos sentires que vuelan...