viernes, 22 de abril de 2016

- ADIÓS Y, ¡MIL GRACIAS, ROSA! -



Nunca he sabido quién es Rosa. Ni lo supe. Ni lo sabré nunca. Lo que sí sé es que Rosa es de mi familia aunque no figuran ni su nombre ni sus fotos en el aparentemente orientador documento llamado oficialmente, Libro de Familia. Lo único que sé de Rosa es que me ha ayudado en, seguramente, los momentos más complicados de mi vida. Y eso significa que la quiero mucho y que la debo mucho.
Pero, ¡si solo era la mujer de la limpieza! ¡No! No era solo la mujer de la limpieza, sino la persona que ante las ausencias y el naufragio familiar general, contraté porque me lo sugirió un vecino, y ahora mi casa se conserva limpia, ordenada y decente. Cuando yo estaba cuidando a mi madre en casa de mi hermano, Rosa venía todas las semanas y además de disponer mi casa, se daba cuenta de mis tremendas inexperiencias y carencias en materia de hogar. Rosa no es tonta y tiene un gran corazón. Es noble y no va con dobleces. La debo y deberé mucho más de lo que ella jamás imaginará.
Tuvimos que irnos de esta casa. Se procedía a la rehabilitación integral de la finca. Fueron momentos límite. Un peligroso delincuente e inquilino al que el dueño de una de las viviendas no se atrevía a echar porque le tenía miedo, decidió obstaculizar las actuaciones urbanísticas sin venir a cuento y la cosa se demoró muchísimo. Fue un tiempo para mí estremecedor, porque la Comunidad no actuó con la contundencia necesaria, y el delincuente hizo durante años todo lo que le vino en gana.
Con mi futuro en vilo, yo me enfrenté al delincuente. Pero el canalla supo defenderse bien.Le molestaba que yo no le tuviese el más mínimo temor. Había pertenecido a un Cuerpo de Seguridad, y contaba con algún cómplice en alguna que otra Comisaría. De hecho, el día que tras años de inacción vinieron a tirarlo, ya no estaba. Alguien debió soplarle que esta vez y definitivamente venían a por él. Todavía, algunos años después, siguen llegándole cartas de la Administración. Mi finca está en pie porque en estos años y en especial en el último antes de su desahucio no llovió apenas. Tengo casa de milagro.
A pesar de todos los pesares, yo decidí que no iba a permanecer sine die en casa de mi hermano. Y ahí estuvo Rosa. Rosa fue mi seguridad y mi esperanza de futuro. La contraté y recuerdo que reñíamos mucho porque ella tenía vida y yo, no.
Con el transcurrir de los años nos fuimos cogiendo afecto. Yo llegaba reventado de casa de mi hermano tras los cuidados de mi madre, y mi casa estaba bien y habitable. Porque Rosa laboraba, ordenaba, sugería, cambiábamos el mobiliario, adquiríamos utensilios de cocina para cuando yo aprendiera a cocinar, y toda mi vida cambiaba, mutaba, evolucionaba y avanzaba penosa pero inteligentemente hacia mí y mi normalización general.
¡Oh, maldito dinero! Yo reivindico autogestión y nada de dependencias castrantes. La idea de libertad propia, es lo más maravilloso que guardan mis cofres personales.
Tuve que decirle a Rosa que ahora íbamos a hacer las cosas de otra manera. Y élla, con enorme cariño y generosidad, accedió. Y en vez de hacerme las cosas, empezó a decirme cómo se hacían todas las tareas de una casa,-que no son pocas-, y que ahora todavía me abruman y me causan temores y recelos.
Se va. Creo que su labor ya ha concluído. Ha sido mi brazo derecho doméstico y una mujer de verdad. El otro día se me quebró la voz en mi despedida de élla, y Rosa no le quiso dar demasiadas importancias a mis bisoñas y temerosas reacciones. Es muy normal que esté preocupado. Además, mi madre se me fue en Enero y está todo demasiado tierno y caliente.
Ahora me toca a mí ser como Rosa. Encarar y lucharme la casa y mi interior. Estar ahí y en mi sitio sin apoyos ni muletas. No hay más remedio que llegar a fin de mes. Pero, dejadme insistir, en que la labor de Rosa en todos estos años ha sido muchísimo más importante de lo que ella jamás alcanzará a sospechar.
-ALLANÓ SIN INTUÍRLO MI FUTURO-

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