viernes, 25 de agosto de 2017

- LAS CARASAS DE JERRY LEWIS -




Mi abuela nos bajaba a mi hermano y a mi todos los miércoles al cine del barrio para ver tres películas de sesión continua a un precio económico. Sí. Mi infancia tenía tics de sorpresa y de algún atisbo familiar. Bendita abuela.
Allí, en el cine "Español" de mi Valencia, al lado de casa, yo descubrí siendo un nene esa cosa de las pantallas enormes llamada cine, A mi ídolo, Tarzán, por poner un ejemplo ...
Y en las películas de humor, había alguien que me fascinaba. Porque hacía unas cosas rarísimas y destornillantes. Como un niño grande. Un tal Jerry Lewis, era capaz de hacerme reír a carcajadas y de regalarme momentos divertidísimos. Aparte de "El profesor chiflado" y toda esa fama, yo os recomiendo la genial y divertida ternura de "Tú, Kimi y yo". Una auténtica magia.
El personaje de Jerry Lewis era el de un tipo educado pero siempre excéntrico y con iniciativa propia. Sus cosas geniales. Sus muecas, sus carasas, sus gestos histriónicos; todo eso era el maestro simpático del humor. Su imagen valía cien escritos.
Tremendamente humano. De películas de guión endeble o aparentemente menor, Lewis era capaz de trasformar esa menoridad y darle una grandeza inolvidable. ¡Magistral! ...
Yo, me quedo con un aspecto acerca de las carasas o muecas del maestro que recientemente nos ha dejado. Su libertad. Aparentemente no era crítico con los modos de sus películas y de su tiempo, pero él inventaba una forma de ser demoledor con las tendencias de sus adultos que consistía en hacerse niño y además vulnerable y con apuros.
Lewis, desde esa fantasía de retorno a la infancia, desdramatizaba los corsés y las imposiciones, y se tornaba alguien crítico y personal.
Desde su mundo aparente y comediadamente disparatado y loquetón, Jerry se defendía con esa energía revolucionaria y potente como es el humor desenfadado. Jerry Lewis se volvía inesperado, ridículo, propio, vergonzoso, apurado y tal, pero respondía y nunca le perdía la cara a la realidad. Sus personajes eran aniñados pero no gilipollas, o su profesor chiflado era rarísimo pero jamás cabrón.
Recuerdo algunas escenas casi inauditas, como cuando en su papel de encargado de almacén se le caían todos los botes a los que desesperadamente trataba de apilar sin éxito, pero al final aunque se le caía todo y era un desastre, siempre había algo relativo de lo que siempre salía airoso y ganador. Reforzado.
Los personajes de Jerry Lewis eran aparentemente vulnerables que escondían una idea optimista y contagiosamente eterna. El mundo es y era fundamentalmente para reírse y para soltarse. Para encararlo aunque se cometieran errores; para no eludirlo aunque fuese bueno previamente comediarlo.
Las carasas o caras raras, tenían la virtud del despiste. Jugaba con su heterodoxia para dar pausa y duda a la adversidad. Y estiraba sus músculos faciales y abría su faz, y su expresividad le concedía gestos extraños y de un aparente y potente estupor maravillosamente calculado.
El humor de Jerry Lewis, familiar, conectó con la gente porque era todo tan cercano,obvio y natural, que los espectadores apartaban finalmente las reticencias, se metían dentro de sus muecas de libertad, se desinhibían, y al final niños y mayores acababan todos riéndose a la vez.
La risa. Lo que hoy se llama, el humor. Antes se decía, risa. Y si alguien abanderaba la risa y sincera, ese era el tierno y maravilloso Jerry Lewis. Yankee y universal, bohemio y formal, elegante cuando se ponía oficial, dual, simpático y sensacional payaso querido por tanta gente. Y es que cuando nos tocan la infancia grata bien tocada, todo se pone risa y posible.
Como los caramelos y las sorpresas.
-COMO LA MAGIA-

0 comentarios:

Publicar un comentario