miércoles, 21 de octubre de 2015

- DESBOCADA PASIÓN -



Superior. Arrebatadora y deseosa. Ganadora e imbatible. Pasión sin control desde el deseo nata. Pasión que golpea de bienestar a los amantes atrapados desde el influjo de su enigma cómplice y compartido. Sangre a dos.
Lluvia de amor y sudor frente a unas hierbas salvajes en el campo. Salpica el fluír desbocado en medio de un escenario que nunca va a importar y que será inaudito e irreductible. Siempre magno.
Y ahí, entre el fuego pasional, vibra la vida caprichosa y liberada de todo el tabú por otros censurado. Ahí está el avive, la fluidez, el vívere, el incadescente magma de volcán que quema para bien y que convierte el rojo en azul cielo y el verde en vida desnuda y copulada. Unida y férrea.
Calor. Un calor especial y dual, apartado y feroz, libertino y selectivo, especial e irreproducible, a mil formas, y telas, y texturas, y sexualidades, y complementos, y rosas y colores de amor apasionado y consentido. Golfos felices de sentimiento compartido. Cabos heterodoxos de placer, y playas casi predestinadas a vaciarse de gente y potenciarse de intimidad al aire y al gusto.
Sabores, gemidos y acústica que nace de todos los poros y orificios, de todos los gestos sensuales que hacen del rey amor una libertad, un universo propio y un reloj alternativo. Sentimientos sin reparos, agitados, demostraciones a la luna de la verdad y de la postura.
Cama de amor y sillón plurifuncional. Libro tolerado para casi todos los públicos adultos y con derechos. Piernas depiladas, tatoos en donde se sabe que agrada, concesión y femineidad, ausencia de edad, atmósfera que cohabita con el mundo de lo racional con altanería, potencia de pólvora y orgullo.
Atletismo en el lecho en donde el amor es un líquido que rebosa todas las conveniencias y abre todo el apasionante mundo del exceso. Vino de boca y lengua compartida, danza en velos resistentes y siempre soñados, arrebatos de amor y sorpresas, de irracionalidad y vagina, de miembro natural que sabe que nació para descubrir mundos ajenos y llevar el gusto hasta la iteración muchísimo más que aceptada.
Medias que cayeron y se paladean, hilos y tirantes de todos los colores que se despegan del cuerpo y vuelvan al olvido del suelo y de la indiferencia mentirosa como un maniquí. Todo sobra. Gana el desnudo y la piel, y como se es, y el vestido se torna incómodo e inoportuno, absurdo y menoscabador, ingenioso desde las aperturas estratégicas y hasta oportunísimo para jugar con él a todo lo contrario de lo que fue pensado e ideado.
Pensar la pasión es como saltar de planeta en planeta o como imaginar que el sexo no existe, o como creer que el deseo lo inventó un tipo llamado Lucifer y nunca una dama de akelarre llamada libertad.
La desbocada pasión se dicta y se hace consensuada y siempre inesperadamente. Pensado y hecho. Aquí te pillo y aquí te entrego. Aquí me doy y allá me haces. Y acepto tus entradas y locuras, tus recovecos y pliegues, tus arrugas inexistentes, tu verdad ensalivada y vomitada en cada centímetro de la geografía de tu físico, y cuando sencillamente nos llega la pulsión y nada puede existir.
En medio de la gran tormenta pasional se masca la curiosidad y el vigor de un pájaro saltarín y amarillo, y el mar admira a los amantes con la calma de su viento detenido para no molestar. Pero el hipotético temporal nunca existe. Porque es un estruendo de magia y deseos colmados que se debate entre la felicidad y el apasionamiento derramado y grato.
-FUERZAS MUTUAS E IMPARABLES-

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