miércoles, 16 de noviembre de 2016

- MUJERES ANULADAS -



Jóvenes, congoleñas, menos jóvenes, violadas, embarazadas a la fuerza, obligadas a todo, infrasobreviviendo entre la muerte cerca de las minas del Congo del puto y sabroso coltán, negras, africanas, inexistentes, machacadas, objetos de usar e ignorar, lejanas, indiferencia hacia ellas, castigos de leyes y creencias tribales y embusteras, Evas que tuvieron la mala suerte de pertenecer a su sexo femenino. Mueren y son torturadas y violadas todos los días. Pero nunca son redimidas por apariciones estelares en las aperturas de los telediarios. Porque nunca queremos saber la verdad. Porque preferimos vergonzosamente vivir entre las mentiras y la irrealidad.
Tiene mérito ir al cogollo del coltán africano, atravesar los odios machistas y los intereses económicos furibundos, ponerse unas botas y mojarse el culo con agua africana.
Una chica blanca que pertenece a una maravillosa organización humanitaria que acoge y da calor a estas mujeres, nos hace valiente y científica pedagogía. Y nos dice lo que hay. Que ahí cerca de los intereses mundiales y de pernada de ese coltán que permite la perfección de nuestra tecnología pariendo consolas para los niños y smarphones de gran calidad y comodidad para nosotros los mayores, y otros beneficios de estos minerales que sustentan la idea coltán, hay otra realidad preñada de guerras y de guadañas legales que transforman toda integridad física en una saudade inalcanzable. En un muro de sordera colectiva.
Las tripas de África son y están en las mujeres y niños. Nunca mejor definida la selva de la supervivencia. Si pesas menos, mueres. Si no naces varón, tus posibilidades se raquitizan, si no existes para los medios, el todo vale te hace olvidado e inexistente. Te matan y nadie lo sabe. O, nadie parece saberlo. Aquello es un infierno sin reglas y puedes comprender y corroborar ese mito o leyenda que indica que cuando a África llega la noche, entonces el negro siente que le brota una sonrisa porque ha hecho la hazaña de defenderse frente a la muerte acechante y real del día a día. Sin tabúes.
Mujer en África y al lado de creencias, leyendas, guerras, tradiciones y toda la pobreza. Mujer sin derechos, desgarrada a golpetazos de penes casi anónimos, despreciadas por sus propias familias, enloquecidas y tullidas de dolor, desanimadas hasta el espanto, sin el más mínimo horizonte ni futuro.
Los héroes solidarios blancos de las organizaciones humanitarias luchan contra el tabú y las reglas del juego de los intereses económicos mundiales, con la convicción de un sabio. Juegan al a pesar de todo, actúan frente al pese de los peses, están ahí, abrazan a la vencida y tratan de darle sentido y calor que no futuro porque no dejan.
La mujer está maldita allí. De más. Supongo que esos bestias y nosotros los cavernícolas que consentimos las salvajadas, seguimos pensando que todo esto es un sinremedio y tan insoportable que nos ponemos las manos sobre los ojos y oídos y luego afirmamos que nuestro recuerdo prefiere otras cosas menos picudas.
Pues, no. La realidad tiene mucha más fuerza que los Imperios o las leyes. Y los sentimientos humanos de piedad y de justicia, siempre estarán ahí. Yo me paso por la entrepierna todas esas excusas de pobres miserables que nos dicen que las cosas de estas mujeres son inevitables y que nada se puede hacer.
A pesar del panorama escalofriante y demoledor, descorazonador y decepcionante, a pesar del coltán y de su puta madre, al otro lado del aparente visto bueno, hay una verdad que tiene la fuerza de un hércules gigantesco y que se llama sensibilidad.
Y yo maldigo desde este modesto blog a aquellos que creen que esto de las mujeres negras es inevitable e imposible, y a los que afirman hipócrita y lastimeramente que no hay voluntad para acabar con la barbarie. Porque mientras haya un ser humano sobre la Tierra, dicha esperanza seguirá viva.
¡HOSTIA!


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